África en nuestra memoria casi 30 años después

“Yo tenía una casa en África, al pie de las colinas del Ngong” es una frase que automáticamente nos lleva a lo más profundo de la sabana africana, sin importar si alguna vez has estado allí en persona o no, y es que el cine, entre otras muchas cosas, nos ayuda y enseña a viajar, nos transporta a lugares lejanos, a los destinos de nuestros sueños, aunque también, muchas veces, a los más oscuros y desagradables escenarios. Este último, sin embargo, no es el caso de Memorias de África (1985), una de las grandes obras maestras de Sydney Pollack y uno de los productos cinematográficos que mejor describe el paisaje africano, tanto textual como visualmente.

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Carátula del DVD de la película | Whizzers’s Place

Protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford, la película está basada en la vida y obra de la autora danesa Isak Dinesen, seudónimo utilizado por la baronesa Karen Blixen-Flecke para publicar una serie de libros en los que contó su experiencia vivida durante los años que pasó en Kenia. El relato comienza cuando Karen Blixen contrae un matrimonio de conveniencia con el barón  Bor Blixen-Flecke (Klaus Maria Brandauer), con quien se asienta en Nairobi para dirigir una plantación. Durante su estancia, solitaria debido a las idas y venidas constantes de su mujeriego marido, Karen se enamora del cazador Denys Finch-Hatton, encarnado por un Robert Redford al que le sienta considerablemente bien el papel de galán. En base a esta relación surge una producción poética, pero a la vez dura que se convirtió en ganadora de tres Globos de Oro y siete Oscar, incluyendo las categorías de mejor película y mejor director.

El largometraje, insertado en los inicios de la Primera Guerra Mundial, se centra en contar la historia de amor entre Karen y Denys más que de ocuparse de un tema bastante más complejo como es el colonialismo, que es tratado incluso de una forma un tanto fría, lo que le ha valido alguna crítica por ser excesivamente “blanda” y “edulcorada” en comparación con los testimonios de la Karen Blixen real, en cuyos relatos se centró más en describir las relaciones que estableció con el pueblo africano y, especialmente, la tribu masai.

Sin embargo,la reputación que ha alcanzado la obra, que en 2016 cumplirá 30 años, es merecida, en parte por el enorme esfuerzo que realizó Meryl Streep al adaptarse al acento danés que requería su personaje y cuyo aprendizaje supuso, según ella, uno de los trabajos más difíciles realizados en toda su carrera; por una banda sonora que pasó a la historia y que se ha alojado de forma permanente en la mente del público, independientemente de si han visto la película o no y que, de hecho, consiguió un Oscar; y por la excelente fotografía del continente africano, realizada por David Watkin (a quien también le valió un Oscar), que refleja con extremo cuidado los colores y la luz de un territorio que a partir de entonces se insertó en el mapa del cine y que ha sido objeto de multitud de intentos de reproducir su belleza inmensurable a través del ojo de la cámara.

Fuentes:

El cine de los fracasados

No nos gustan los finales felices. Nos encantan. Estamos más que acostumbrados a una estructura cinematográfica con introducción, nudo y desenlace en la que en realidad da exactamente igual lo que nos cuenten durante los primeros 60 minutos, el conflicto que se presente, porque en el fondo sabemos que, pase lo que pase, todo se solucionará, el protagonista conseguirá salir de todos los líos en los que se haya metido y nosotros nos podremos ir tranquilos a casa, sin necesidad de tener que pensar en lo que hemos visto. Ese es el cine que triunfa, el que nos ofrece mucho entretenimiento y poca reflexión. El cine fácil. Todo lo contrario al cine de Robert Rossen.

¿Os suena ese nombre, Robert Rossen? No. ¿Por qué? Porque su cine era el cine de los fracasados. Y no me refiero al público que acudía a ver sus películas, sino a las historias que contaba, protagonizadas siempre por personajes cuyo destino no era la felicidad, sino la amargura, la autodestrucción, y en definitiva, el fracaso. Historias donde no destacaba el héroe, sino el perdedor. Ese es el caso de El buscavidas.

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El actor Paul Newman | Flickr

El Buscavidas, o The Hustler (1961) cuenta la trágica historia de Eddie “Relámpago” Felson, interpretado por un Paul Newman que realiza uno de sus más extraordinarios trabajos. Felson es un hábil y prepotente jugador de billar que se gana la vida estafando a los principiantes por todas las salas de billar de Estados Unidos, con un objetivo: jugar la partida definitiva, en la cual quiere derrotar al billarista más famoso del país, “El Gordo de Minnesota” (Jackie Gleason), que lleva diez años sin perder. Tiene la habilidad suficiente para conseguirlo, sin embargo, su actitud derrotista y la falta de confianza en sí mismo hacen que pierda el primer asalto. Tras este primer fracaso, conoce a Sarah (Piper Laurie), una chica problemática de la que se enamorará y quien podría suponer la salvación para el hundido genio del billar. A partir de entonces comienza un camino hacia el fracaso, acelerado por el personaje de Bert Gordon (George C. Scott), un oportunista sin escrúpulos que no duda en acercarse a Eddie para aprovecharse de él, ofreciéndole una asociación que tiene por objetivo vencer al Gordo y ganar dinero, al mismo tiempo que le asegura, con aires de superioridad, que ha nacido para perder. Aunque inicialmente Eddie la rechaza, su obsesión por ganar esa partida termina haciendo que firme un pacto con el diablo que desembocará en un trágico final, que, si bien conseguirá que Felson gane en el billar, también terminará con la vida de única persona que podía cambiar la suya.

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La actriz Piper Laurie | Flickr

La dramática historia es contada con un estilo sobrio y unos diálogos sobrecogedores, dejando ver, en cada escena, la personalidad de un hombre totalmente roto por dentro, vacío y conflictivo, cegado por sus aspiraciones, y dejándose llevar por su lado de ganador frustrado, ya que, al fin y al cabo, ve en esa gran partida la oportunidad de demostrarse a sí mismo y a los demás que no es el perdedor que todos creen. Una actitud que, finalmente, le conduce a cumplir su sueño, demostrando, sin embargo, una vez más, que lo importante no es alcanzar un objetivo, sino hasta dónde estás dispuesto a llegar para conseguirlo.

Es, a fin de cuentas, la cruda realidad con la que el espectador no quiere toparse cuando va al cine.

Fuentes:

 

El toque Lubitsch: cine para inteligentes

Lo siento por los que se sientan excluidos, pero el cine no es para todo el mundo. Al igual que para ser médico, matemático, futbolista, etc, se necesitan ciertas cualidades específicas, para ver cine también. Y quien dice ver dice entender. Si bien el cine es una de las principales herramientas de entretenimiento para un vasto público alrededor de todo el mundo, la verdad es que no sirve solo para entretener (para eso ya tenemos la mayoría de los programas de televisión), sino que el cine, el buen cine, requiere una respuesta constante por parte del espectador. No vale con sentarse en la butaca y ver pasar las imágenes, poniendo la mente en blanco y dejándose llevar por el desarrollo de la historia. Ahora os preguntaréis, ¿cuál es esa cualidad imprescindible que requiere el cine? La inteligencia. Para poder entender ciertas películas se necesita ser inteligente, o al menos eso es lo que decía Ernst Lubitsch.

La segunda pregunta que algunos os estaréis haciendo es: ¿Quién era y por qué decía eso? Pues bien, Ernst Lubitsch (1892-1947), fue uno de los grandes directores del cine clásico, maestro de otros genios como Billy Wilder. Su carrera como director comenzó en el teatro, y continuó durante años en Alemania, donde dejó los primeros vestigios de su estilo, hasta que se trasladó a Estados Unidos, país que se convirtió en su hogar y donde alcanzó reconocimiento internacional, llegando a situarse en lo más alto del Hollywood de los años 40. Algunos de sus grandes éxitos fueron Ninotchka (1939), El bazar de las sorpresas (1940) o Ser o no ser (1942).

circa 1930: American film actress Carole Lombard (1908 - 1942) wearing a jacket with a leopard skin collar and cuffs, and holding a black cat on her lap.

Carole Lombard, protagonista de Ser o no ser | Flickr

Lo que hacía especial a este genio de la comedia era su estilo, que ha pasado a la posteridad con nombre propio: “El toque Lubitsch“. A pesar de haber pasado a ser tan famoso entre los amantes y/o entendidos del cine, y de haber sido imitado (o al menos objeto de intentos de imitación) por muchísimos directores posteriores, es uno de los términos cinematográficos más complicados de definir. Hasta el momento, ha sido imposible llegar a una definición exacta del término, ya que incluso hay quien dice que no se trata de algo concreto, sino de la personalidad del propio director, de su forma de trabajar y dirigir las películas, un modo de hacer las cosas que le hizo ser quien fue. Sin embargo, se puede explicar como un elemento que juega un papel clave en algunas escenas memorables del cine, en las que, el espectador es el encargado de inferir lo que está pasando, de averiguar qué hay detrás de lo que directamente se nos muestra en pantalla a través del diálogo o de los movimientos de cámara y personajes.

Y es que siempre hay algo detrás, siempre va más allá. Lubitsch desarrolló un humor sutil, irónico, finamente hilado, que no puede ser entendido por todos, sino solo por aquellos que sean capaces de apreciar la broma en su conjunto, ya que esta no es mostrada directa y totalmente (de ahí lo dicho en la introducción de esta entrada). Se trata de plantar la semilla para que luego sea el espectador el encargado de hacerla crecer, de entender lo que nos quiere decir. Es un humor que no produce carcajadas, sino que arranca sonrisas torcidas fruto del papel protagonista que juega el público en estas películas, ya que el director contaba de antemano con que la gente que las veía tenía la inteligencia suficiente para entender este toque. Sería lo más alejado al humor absurdo, a la broma fácil… Lo cual no quiere decir que los temas que trata sean necesariamente cultos o difíciles de entender, sino todo lo contrario: muchas de las situaciones expuestas en las películas de Lubitsch son de lo más cotidiano, banal, e incluso absurdas o surrealistas.

El toque del que hablo no solo se producía en las comedias, sino que todas sus películas jugaban también con un ambiente de erotismo sutil, reflejado en los papeles de las mujeres protagonistas, que hacía que todo el mundo entendiera las connotaciones eróticas de ciertas escenas, pero que, al mismo tiempo, los censores no tuvieran motivos para suprimirlas.

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James Stewart, protagonista de El bazar de las sorpresas | Flickr

Para entender todo esto es absolutamente necesario ver sus películas, especialmente las tres citadas más arriba, aunque solo sea por pura curiosidad, ya que ningún otro director ha conseguido llegar al nivel de Ernst Lubitsch. Algunos han conseguido, durante unos segundos de algunas escenas, conseguir reproducir ese toque buscado por todos, que puede suponer uno de los rasgos que diferencia a los buenos directores de los genios, pero no han sido capaces de alargarlo durante toda la producción, ya que, efectivamente, este toque formaba parte de la personalidad única de un director que, sin querer, convirtió su modus operandi en un paradigma del cine, a nivel mundial, y para la posteridad.

Realmente es una pena que muriera con tan solo 55 años, ya que privó al mundo de la posibilidad de contar con más obras cinematográficas ejemplares. Sin embargo, se fue sabiendo que su trabajo era reconocido, ya que sufrió una parada cardiaca mientras recogía un Oscar especial por su trabajo que fue un preludio del infarto que acabaría con él ocho meses más tarde. Tras su funeral, en palabras de dos de los grandes directores que aprendieron de él: “Se acabó Lubitsch”, dijo Billy Wilder. “Peor aún, se acabaron las películas de Lubitsch”, rspondió William Wyler.

Fuentes:

Noticia vs. ética, ¿Hasta dónde llegarías para entrar en portada?

Españoles, el sensacionalismo no ha muerto. En ocasiones podemos caer en el error de pensar que lo que prima en los medios de comunicación actuales a la hora de elegir sus titulares, sus fotos, sus informaciones, son los valores noticia como la actualidad, la novedad, la relevancia del hecho… Y ojalá fuera así siempre, pero no lo es. Es verdad que sucede en mayor medida en unos medios que en otros, pero la realidad es que  la prensa amarilla de los años 90 continúa siendo clave en nuestros tiempos.

Supongo que todos sabéis perfectamente a lo que me refiero, así que no voy a entrar a explicar qué es ni cómo y dónde se utiliza. Lo que sí quiero hacer en esta entrada es recalcar la importancia de las consecuencias que pueden llegar a tener dos técnicas de las más conocidas para conseguir que una noticia llegue a la primera página: provocar o inventar la noticia o mantenerla un tiempo excesivo. En esta ocasión, me voy a centrar en la segunda, y voy a utilizar uno de los clásicos cinematográficos de los años 50 para explicar claramente a qué me refiero. Este clásico es El gran carnaval.

Su título original es Ace in the hole y, dirigida por Billy Wilder (del que no será la última vez  que hable en este blog), se convirtió en uno de los mejores ejemplos para ilustrar el periodismo deshonesto y moralmente criticable que, desgraciadamente, se lleva a cabo, desde entonces, hasta nuestros días. Está basada en un hecho real sucedido en Kentucky en 1925, en el que un hombre llamado Floyd Collins murió atrapado en una cueva.

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Kirk Douglas (Tatum) hablando con Ray Teal (Sheriff) durante una escena de la película | Flickr

La historia contada en la película es la siguiente: Kirk Douglas encarna a un periodista llamado Charles Tatum que comienza a trabajar en el periódico local del pueblo de Albuquerque, en el Estado de Nuevo Méjico, donde vive a la espera de una gran noticia que le lleve al estrellato. Este periodista ve aparecer su oportunidad cuando Leo Minosa, un hombre de origen indio, queda atrapado en una mina debido a un derrumbe. El rescate, que en principio debería durar unas pocas horas, se alarga durante varios días gracias a la acción de Charles, quien se encarga de convencer al sheriff, a la esposa de Leo, y a todo el pueblo, de que la mejor solución es plantear el rescate  desde la cima de la mina, aún sabiendo que este proceso podría durar tanto tiempo que el atrapado no llegara a salir con vida. De esta manera, conocemos al periodista sin escrúpulos y ciego por la ambición que es Tatum, que, por supuesto, cubre la noticia día y noche en directo, dando a conocer el acontecimiento por todos los Estados Unidos. Sin embargo, él no es el único que se beneficia de la agonía del indio: el sheriff aprovecha el repentino impulso mediático de la zona para hacer campaña para salir reelegido, visitantes de todo el país llegan con sus caravanas para establecer negocios, e incluso Lorraine, la mujer de Leo, se olvida de lo que está sucediendo para centrarse en atender su bar, que va mejor que nunca por la cantidad de turistas que acuden en masa a observar el lugar de los hechos, todos ellos, en definitiva, creando un verdadero carnaval, ajenos al sufrimiento y el horror que vive el verdadero protagonista de la historia.

Además de su gran valor desde el punto de vista del lenguaje audiovisual, y a pesar de no ser la primera ni la última película de Wilder en la que el tema principal es el periodismo, el largometraje destaca por hacer una dura crítica sin precedentes a la profesión. Sin embargo, su valor no fue reconocido hasta mucho más adelante. De hecho, fue un absoluto fracaso comercial en Estados Unidos. Se le calificó de antiamericana y se dijo que iba en contra de los lectores de los periódicos. No fue aceptada por el público ni por los críticos, alguno llegando incluso a decir que Billy Wilder debía ser deportado y que la versión mostrada del periodista era absurda. La posición estadounidense contrasta claramente con la europea, donde recibió grandes elogios y fue un éxito en taquilla.

No creo que haya nadie que tras haber visto esta joya del cine, o una versión posterior de ella, dirigida por Álex de la Iglesia con el título de La chispa de la vida, no se haya visto obligado a reflexionar acerca de las atrocidades que se han llevado a cabo a lo largo de los años para conseguir fama, no solo en el mundo del periodismo, sino en cualquier ámbito profesional. No sorprende que en su época sufriera el rechazo que sufrió, ya que, de algún modo, los espectadores se sentían identificados con esos personajes carentes de ética, absorbidos por una necesidad morbosa de observar las desgracias de los demás y sin capacidad de autocrítica, ya que, como dijo el propio Billy Wilder, es la gente quien alimenta el sensacionalismo de la prensa, y a nadie le gusta ir al cine para enterarse de que es un tipo miserable.

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El papel de la mujer en el cine, parte I: Meryl Streep en los Puentes de Madison

Os presento la primera parte de esta serie de publicaciones en la que haré un recorrido por las figuras femeninas más importantes de la historia del cine. Mujeres que han destacado, bien por haberse convertido en verdaderos iconos cinematográficos y/o modelos a seguir a lo largo y ancho del planeta, o bien porque han marcado un antes y un después, tanto por los papeles que han protagonizado, como por su remarcable carácter revolucionario.

La primera mujer de la que quiero hablaros es la intérprete más veces nominada de la historia de los Oscar: Meryl Streep. Podría dedicar cientos de entradas a esta actriz, ya que en sus 40 años de carrera ha rodado más de 70 películas y, de hecho, acaba de estrenar Ricki and the flash, donde trabaja con una de sus hijas. Sin embargo, hoy nos centramos en un punto concreto de su carrera: su papel protagonista como Francesca en Los puentes de Madison (1995).

Para los que no la hayan visto, la sinopsis sería la siguiente: en 1965, Francesca es un ama de casa de origen italiano que vive en una granja perdida del condado de Madison, Iowa, con su marido y sus dos hijos. Su monótona vida cambia el día en que conoce a un fotógrafo del National Geographic llamado Robert Kincaid (Clint Eastwood) que ha ido a visitar la zona para realizar un reportaje sobre los puentes de la región. Durante los cuatro días siguientes, Francesca descubre un mundo distinto, una pasión que había olvidado hacía mucho tiempo y que le hace enamorarse perdidamente de un hombre que es, prácticamente, un desconocido. Francesca tendrá que tomar la decisión más difícil de su vida: marcharse con él, dejando a su familia atrás, o quedarse en su pequeña granja y continuar con una vida que no es lo que había soñado. Esta historia de amor es plasmada en un diario dirigido a sus hijos, con la intención de que estos entiendan, tras su muerte, por qué vivió como vivió y por qué hizo lo que hizo, animándoles a que persigan sus sueños y no cometan los mismos errores que cometió ella.

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La actriz Meryl Streep | Flickr

Cuando Meryl protagonizó este drama, ya tenía 46 años y había trabajado en más de 20 películas. Había quedado claro que era una actriz ideal para encarnar papeles de mujeres fuertes, como había demostrado anteriormente en La decisión de Sophie (1982) o en Memorias de África (1985). Lo que hace especial al personaje de Francesca es el haber puesto de relieve una convencida crítica a los prejuicios de la sociedad. La sociedad de unos años 60 en los que está mal visto salirse de lo convencional, donde se espera lo mismo de todas las mujeres: que pasen toda su vida trabajando en casa y cuidando debidamente de su familia. Las consecuencias de que una decida darle un giro a su vida pueden suponer un cambio radical en el comportamiento que sus vecinos habían tenido con ella hasta ese momento, como se refleja en la película cuando se habla de la humillación que está sufriendo una mujer del pueblo que había engañado a su marido, a la cual Francesca no había prestado atención, pero a la que termina compadeciendo y acercándose. Es por este motivo por el que Francesca no se atreve a perseguir sus sueños, aún sabiendo que Robert es todo lo que ella siempre había querido. Robert, por su parte, en diferentes ocasiones, critica los valores morales preestablecidos y la ética de la familia instaurada en aquella época. Es un personaje moderno y alternativo en el que Francesca ve reflejados todos sus deseos, los sueños de lo que ella habría esperado que fuera su vida.

Es uno de los pocos ejemplos cinematográficos hasta los años 90 en los que la mujer es la protagonista, el personaje fuerte, quien debe decidir, y no presentando a los personajes femeninos como un simple accesorio del hombre, sujeta a todos sus deseos y necesidades. De hecho, el marido de Francesca tiene un papel irrelevante, ya que solo aparece al principio y al final de la película, y no se dan más detalles sobre él aparte de los momentos en los que Francesca habla sobre su matrimonio.

Desde un punto de vista machista, Francesca podría ser calificada de multitud de términos misóginos, ya que, las cosas como son, termina cometiendo adulterio. Sin embargo, la película no lo muestra como tal, sino que lo enfoca desde la perspectiva de una mujer que es incapaz de tomar una decisión por cuenta propia, ya que está sometida a la peor presión de todas: el qué dirán y el daño que puede causar a su familia. Se trata de sacrificar su propia felicidad, como tantas madres han hecho a lo largo de la historia, por la de sus hijos y la de su marido.

Meryl Streep consigue transmitir al espectador, de una manera clara y directa, sus dudas, su frustración, sus deseos, sus miedos… Haciendo incluso que a ratos nos olvidemos de que al otro lado de la historia existe un hombre, que es su marido, que no ha hecho nada malo, pero que está a punto de ser traicionado. El espectador llega a desear que se vaya, que sea feliz, que se olvide de la vida que había tenido hasta ahora. Este sentimiento alcanza su máximo punto de expresión en una de las mejores escenas, ya hacia el final, en la que parece que el corazón se nos va a salir del pecho, en la que desearíamos estar allí, ser ella, para tomar la decisión nosotros mismos. Dejo que juzguéis por vuestra cuenta esta escena (es recomendable haber visto la película entera y tener un par de pañuelos desechables cerca).

En definitiva, se trata de una película cuyo visionado es obligatorio y que no deja indiferente a nadie, en la que la actuación de Meryl es más que destacable, demostrando, una vez más, que el mundo se mueve gracias a la mujer, que es un ente con inteligencia y personalidad propias, con el mismo derecho a ser libre y a tomar sus propias decisiones que un hombre.

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Regreso al futuro, ¿moda o culto?

Como todos sabréis ya de sobra, el pasado 21 de octubre se produjo el acontecimiento más esperado del 2015: Marty McFly viajó hasta nuestro presente para salvar a su hijo en Regreso al futuro II, coincidiendo además con el 30 aniversario de la primera película de la saga. Hasta aquí supongo que no habré contado nada nuevo, de hecho, lo más seguro es que muchos de vosotros (si no la mayoría) estéis cansados, saturados de haber leído la noticia en todos los medios de comunicación y diversas redes sociales. Vuestros amigos de Facebook y usuarios seguidos en Twitter habrán publicado multitud de enlaces al respecto: GIFs, chistes, informaciones… Sin embargo, ¿cuántos de ellos habrán visto realmente la trilogía?, es más, ¿cuántos habrán visto siquiera la primera película?

Fecha del viaje en Regreso al Futuro 2 | PuplarScience

Fecha del viaje en Regreso al Futuro II | PopularScience

Ese es el tema en el que quiero ahondar en esta primera publicación: ¿se trata de la expresión de una emoción contenida por parte de todos los fans incondicionales de la saga o un ejemplo más de la inercia de las masas en los soportes digitales? Está claro que Regreso al futuro es una de las más famosas trilogías y paradigma del cine de ciencia ficción futurista, por lo que habrá sido vista por millones y millones de personas en todo el mundo, número que se incrementa cada año (ya que las cadenas de televisión, por lo menos en España, se empeñan en repetir los mismos contenidos una y otra vez). Pero también hay que tener en cuenta que la primera película de la saga fue estrenada por primera vez en 1985, y que los gustos y hábitos en el consumo de cine y contenido audiovisual en general, han cambiado mucho desde entonces (no voy a decir que han evolucionado porque en algunos casos no tengo muy claro si se trata de una evolución o de un retroceso). Esto quiere decir que sus fans, aquellos que la convirtieron en una película de culto, actualmente tendrán, de media, unos 40-50 años, si bien es cierto que, como suele suceder con los productos cinematográficos, existe un importante componente de legado generacional, siendo también bastantes las personas de entre 20 y 30 años que, posiblemente gracias a sus padres, se han convertido en devotos de estas películas que constituyen verdaderas obras del Séptimo Arte.

Por supuesto que existen excepciones, y no estoy diciendo que todo aquel que haya nacido después de los años 90 no pueda ser fan de la saga, pero creo que no me equivoco al afirmar que muchos de los que estos días han proclamado su felicidad por todas las redes sociales ante la esperada llegada de McFly, no sepan ni quién es. O puede que lo sepan, pero ni de lejos sientan la admiración que procesan de cara al público, sino que se trata, una vez más, de un intento de seguir al rebaño. No entro en si este comportamiento es bueno o malo, si se puede entender como una acción un tanto hipócrita o si es algo que carece de importancia. Lo que sí quiero remarcar es la importancia de estar informados a la hora de hablar de algo, tanto para decir si es bueno como si es malo. Que no vale con oír hablar a todo el mundo de una saga que ha pasado a la historia y que ha levantado pasiones, también contemporáneas, allá donde ha llegado y asumir automáticamente que es lo mejor de su género, y más cuando es una trilogía que merece la pena ver y comprobar que, efectivamente, está al nivel que la cultura popular le ha otorgado.

Para aquellos que se sientan aludidos, aquí tenéis unos cuantos datos que deberíais conocer sobre la mencionada trilogía:

  • Es una producción estadounidense dirigida por Robert Zemeckis.
  • Sus protagonistas son Michael J. Fox y Christopher Lloyd. El primero, posteriormente, ha trabajado en películas como Teen Wolf  Corazones de hierro, pero sobre todo, se ha dedicado a la pequeña pantalla, con series como Spin City y la actual The good wife. El segundo ha aparecido en películas como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? La familia Adams. 
  • La primera entrega estuvo nominada en 4 categorías en los Oscar, de los cuales ganó uno: el de mejor sonido. Sin embargo, no tuvo tanta suerte en los premios BAFTA, en los que obtuvo 5 nominaciones, pero ningún premio.
  • En 2016, Nike comenzará a comercializar las zapatillas autoajustables, características del protagonista de la saga. Serán edición limitada y solo se podrán obtener mediante subasta.
  • El coche más famoso del cine, el DeLorean, se intentó comercializar y, aunque fue un fracaso a nivel operativo, en la actualidad sus dueños cuentan con un auténtico objeto de coleccionista cuyo valor asciende a cifras estratosféricas.
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Marty Mcfly y Doc junto al DeLorean en Regreso al futuro II | Flickr

Y para los que sean verdaderos apasionados de Doc y McFly, aquí os dejo un test de El Confidencial para averiguar hasta qué punto sabéis sobre las películas:

Fuentes utilizadas: