El cine de los fracasados

No nos gustan los finales felices. Nos encantan. Estamos más que acostumbrados a una estructura cinematográfica con introducción, nudo y desenlace en la que en realidad da exactamente igual lo que nos cuenten durante los primeros 60 minutos, el conflicto que se presente, porque en el fondo sabemos que, pase lo que pase, todo se solucionará, el protagonista conseguirá salir de todos los líos en los que se haya metido y nosotros nos podremos ir tranquilos a casa, sin necesidad de tener que pensar en lo que hemos visto. Ese es el cine que triunfa, el que nos ofrece mucho entretenimiento y poca reflexión. El cine fácil. Todo lo contrario al cine de Robert Rossen.

¿Os suena ese nombre, Robert Rossen? No. ¿Por qué? Porque su cine era el cine de los fracasados. Y no me refiero al público que acudía a ver sus películas, sino a las historias que contaba, protagonizadas siempre por personajes cuyo destino no era la felicidad, sino la amargura, la autodestrucción, y en definitiva, el fracaso. Historias donde no destacaba el héroe, sino el perdedor. Ese es el caso de El buscavidas.

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El actor Paul Newman | Flickr

El Buscavidas, o The Hustler (1961) cuenta la trágica historia de Eddie “Relámpago” Felson, interpretado por un Paul Newman que realiza uno de sus más extraordinarios trabajos. Felson es un hábil y prepotente jugador de billar que se gana la vida estafando a los principiantes por todas las salas de billar de Estados Unidos, con un objetivo: jugar la partida definitiva, en la cual quiere derrotar al billarista más famoso del país, “El Gordo de Minnesota” (Jackie Gleason), que lleva diez años sin perder. Tiene la habilidad suficiente para conseguirlo, sin embargo, su actitud derrotista y la falta de confianza en sí mismo hacen que pierda el primer asalto. Tras este primer fracaso, conoce a Sarah (Piper Laurie), una chica problemática de la que se enamorará y quien podría suponer la salvación para el hundido genio del billar. A partir de entonces comienza un camino hacia el fracaso, acelerado por el personaje de Bert Gordon (George C. Scott), un oportunista sin escrúpulos que no duda en acercarse a Eddie para aprovecharse de él, ofreciéndole una asociación que tiene por objetivo vencer al Gordo y ganar dinero, al mismo tiempo que le asegura, con aires de superioridad, que ha nacido para perder. Aunque inicialmente Eddie la rechaza, su obsesión por ganar esa partida termina haciendo que firme un pacto con el diablo que desembocará en un trágico final, que, si bien conseguirá que Felson gane en el billar, también terminará con la vida de única persona que podía cambiar la suya.

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La actriz Piper Laurie | Flickr

La dramática historia es contada con un estilo sobrio y unos diálogos sobrecogedores, dejando ver, en cada escena, la personalidad de un hombre totalmente roto por dentro, vacío y conflictivo, cegado por sus aspiraciones, y dejándose llevar por su lado de ganador frustrado, ya que, al fin y al cabo, ve en esa gran partida la oportunidad de demostrarse a sí mismo y a los demás que no es el perdedor que todos creen. Una actitud que, finalmente, le conduce a cumplir su sueño, demostrando, sin embargo, una vez más, que lo importante no es alcanzar un objetivo, sino hasta dónde estás dispuesto a llegar para conseguirlo.

Es, a fin de cuentas, la cruda realidad con la que el espectador no quiere toparse cuando va al cine.

Fuentes:

 

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